Conforme lo hagamos, encontraremos que Eugenio de Mazenod no es ninguna reliquia
del pasado. Más bien, emerge como un santo para nuestros tiempos modernos, que nos reta a vivir el Evangelio y percibir a Cristo, Dios y el ministerio de una manera cada vez más nueva y radical. En él, encontramos una persona de valentía y creatividad. Fue leal a la comunidad de fe de la Iglesia, y con un corazón ferviente e intenso, respondió al llamado de Cristo de evangelizar. Al tomar a María y los apóstoles como modelos de la manera de ser discípulos, reunió en su derredor una comunidad que fue a los
extremos de la tierra para buscar a los más necesitados y llevar Cristo a ellos. Su espíritu nos inspira a preguntar: ¿Cómo somos los portadores de Cristo a aquellos que
más nos necesitan? Se espera que nuestra respuesta sea como la suya: radical, ferviente, fiel, comunal, y, al final de cuentas, motivada como fue la suya por caridad, caridad, hacer todo en caridad.
Sandra Prather
Laico Asociado Oblato