Santos muy valiosos se han dejado a menudo suspendidos entre la tierra y el cielo,
en un lugar etéreo que no pertenece al hombre -o a la mujer- por estar fuera de moda en el arte religioso y su interpretación a San Eugenio de Mazenod no puede
tratársele de este modo. Al leer sus cartas y papeles confidenciales
comprenderán que él tenía que llegar a ser un
santo. Comprenderán mejor los esfuerzos que
tuvo que hacer para corregir sus defectos y vencer
su testaruda naturaleza. Podrán admirar cómo
se abandonó a sí mismo, con todas sus fuerzas y
debilidades, completamente a Cristo una vez que
fue embargado por el Amor Divino.
Este folleto les ofrece vislumbrar brevemente
Su camino espiritual. Hay abundantes razones para
agradecer a Dios por lo que ha realizado En Su
siervo. Agradecerle también por la generosidad y
el valor excepcionales en este hombre. Se sentirán
muy animados con su historia. Lo que Dios ha hecho
en San Eugenio lo hará con cada uno de nosotros a
pesar de nuestras Flaquezas.
San Eugenio de Mazenod conocía muy bien
Su carácter impuesto. Al principio de su seminario
escribió este autorretrato.
Tenía 26 años de Edad.
Soy irritable e impulsivo. Mis sentimientos son
siempre
intensos; soy impaciente con el menor
obstáculo y cualquier retraso me Molesta.
Tiendo a
ser firme y muy determinante para no permitirme la
menor negligencia.
Tampoco tolero la flojera en otros.
El temperamento de mí
obstinado, dominante y
firme carácter puede percibirse
claramente en estos
incidentes de mi niñez.