Escogidos para anunciar el Evangelio de Dios (Rom. 1,1), Los Oblatos lo dejan todo para seguir a Jesucristo.
Para ser sus cooperadores, se obligan a conocerle más íntimamente, a identificarse con él y a dejarle vivir en sí mismos.
Esforzándose por reproducirle en su propia vida, se entregan obedientes al Padre, incluso hasta la muerte, y se ponen al servicio del pueblo de Dios con amor desinteresado.
Su celo apostólico es sostenido por el don sin reserva de la propia oblación, oblación renovada sin cesar...
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